Amigos, en vista de lo bien que he sido recibido por las autoridades locales de este hermoso país que es Francia, y su gran capital París, someto a consideración del Worcestershire All England Tennis and Yacht Club la posibilidad de abrir una rama francesa, lo anterior en función de mejorar las relaciones entre estos dos países y ampliar nuestros horizontes a nuevas fronteras, siempre en atención y respeto a la alcurnia y prestigio que nos han caracterizado en estos últimos 400 años.
Quien este a favor diga! AYE!!!
Y por favor, sugieran nombres para el Club!!!!
jueves, 16 de julio de 2009
lunes, 11 de mayo de 2009
Capítulo IV
El director de escena
El Duque de Strada tenía, a la vista de todos, poco de que quejarse en su condición actual. Recién había heredado un título que le garantizaba una cuantiosa renta fija y un lugar clave en los eventos sociales de mayor prestigio en la isla. Aprovechándose de sus nuevas propiedades y nombre, Serge de Strada fundaba hacía un año el primer Club social de la isla llamado el Worcestershire All England Club empleando el nombre de la provincia británica común a los antepasados de varios de los nobles que vivían aún en ella. El Worcestershire era un éxito inmediato en parte gracias a los novedosos espacios para practicar el jeu de paume, deporte en que el Duque había demostrado destacar y que se volvió popular pronto entre los miembros del Club como el Conde de Pokosho.
Si, había sido un buen año para el Duque Serge y así lo habrían constatado todas aquellas personas que le vieran desfilar juntos a sus iguales por los lustrosos salones del Worcestershire. El reflejo de su alegría en los salones de espejos y en el oscuro y brillante granito no dejaba lugar a dudas ante la sociedad de la isla que el Duque de Strada disfrutaba con pasión cada gota de su bienaventurada suerte. Nadie dudaba y en esa convicción que Serge conocía radicaba la única verdadera alegría que aún albergaba en su alma pues ello le confirmaba que si bien su pasión le estaba negada, aún podía practicarla a través de la permanente actuación.
Serge de Strada, quien en público se mostraba alegre y lozano, en privado lamentaba su destino impuesto y encontraba la catarsis en la misma pasión prohibida que aquejaba y entusiasmaba al mismo tiempo su mente agonizante. No había justicia, pensaba, si aquello que más procura plenitud al alma del hombre y mueve la maquinaria de sus deseos y anhelos, sólo podía practicarse en la soledad y en el secreto sin poder compartirlo con aquellos a quienes ama. Y no había justicia para Serge de Strada pues su pasión por la música y el teatro eran, en su mundo, considerados meros entretenimientos más nunca profesiones respetables en el mundo que le tocó criarse.
Durante mucho tiempo el Duque de Strada recurrió a su ingenio para procurarse escapes del constante escrutinio social y practicar su pasión en secreto. Sin duda había sido difícil privarse a veces durante varias semanas de aquellos cortos pero apetecibles momentos en que podía olvidarse de la superficial agitación exterior y dedicarse a su realización. La necesidad de aprovechar esos pequeños espacios de tiempo que podía a veces procurarse le permitieron, con el tiempo, desarrollar la habilidad de encontrar rápidamente la inspiración y concentración necesarias para avanzar velozmente en sus proyectos. Gracias a la dedicación y pasión con que emprendía cada nueva obra, Serge de Strada se había convertido pronto en un autor prolífico llegando a acumular un total de quince novelas y tres obras de teatros en los últimos dos años. La satisfacción del Duque desde hacía un tiempo ya no se encontraba en el beneplácito de ver que su obra era disfrutada y laureada pues el total de su producción era sólo conocida por él. La resignación a su suerte le permitía encontrar realización no en compartir su obra sino en reconocer en sí mismo su talento al observar que a pesar de sus limitaciones era capaz de crear piezas completas y que a pesar de haber abordado ya tantos temas aún sentía que su mente daba para crear mucho más.
La familia del Duque no podría considerarse como un obstáculo para la dicha de Serge pues sus intenciones hacía él nunca fueron de desprecio o negación. Sin embargo, había llegado a concluir Serge, a veces en el amar y en el esperar lo que creemos mejor para quienes amamos los llevamos inevitablemente a la frustración y la limitación. No es necesario obrar con mala intención para causar malos efectos, y si bien el Duque nunca hubiera culpado a su familia o amigos por su desdicha, no podía evitar pensar que de haberle el destino designado otro sendero en su vida sus pasiones y profesión se hubieran encontrado idealmente y habría tenido la realización al alcance en su vida.
Era curioso sin embargo, incluso para el Duque, que la mayor preocupación y distracción que encontraba en su vida y que le generaba temor era su deseo reprimido por practicar abiertamente una profesión negada cuando en realidad un secreto más íntimo y oscuro se albergaba en su persona. No había sido hasta hace poco tiempo que las circunstancias de su vida se transformaron notablemente que el Duque había tenido tiempo de ocupar su mente en esa sombra de su ser que conscientemente prefería ignorar esperando que la negación provocara su desaparición.
Con la fundación del Worcestershire Club, Serge de Strada había adquirido no sólo reconocimiento y una agitada vida social. Además de las consecuencias evidentes para el resto de la sociedad que le rodeaba, el Duque había conseguido un pretexto ideal para alejarse de su hogar y requerir privacidad argumentando el cumplimiento de sus nuevos deberes administrativos. Discretamente para evitar levantar sospecha alguna, Serge de Strada había conseguido exitosamente hacerse de un despacho privado en un ala solitaria de las instalaciones del Worcestershire a la que el acceso estaba restringido para el personal que ahí laboraba y que mostraba poco o nulo interés en las actividades del Duque fuera del ambiente Club. No era difícil ocultar sus piezas literarias entre los montones de documentos administrativos y de cuentas que decoraban los estantes de su oficina, incluso el Duque consiguió introducir en el centro de su despacho un modelo a escala del Teatro la Ópera Nacional con el pretexto de estudiar la posibilidad de fundar una réplica del mismo en la isla. Cuando nadie molestaba al Duque con impertinencias salariales o con quejas del comportamiento de los empleados o los mismos miembros del Club, en la maqueta del Duque se desarrollaban pequeños esbozos de óperas y piezas teatrales en las que Serge de Strada imaginaba como serían sus obras de poder dirigirlas alguna vez.
Debida a su nula educación profesional se habría podido decir que la dirección de escena del Duque carecía de técnica, pero aún el más versado en las artes escénicas habría de admitir que desbordaban en pasión, a veces casi infantil.
Esta mañana el Duque había llegado antes de lo acostumbrado a su despacho en el Worcestershire Club esperando evitar encontrarse con miradas en su persona y en la carga que pretendía recoger de su oficina. Apenas saludando con secos gestos a los empleados que encontraba, el Duque entró antes del alba a su despacho y sin titubeos se dirigió a una repisa en que descansaban los reportes financieros del Club, además del libro que el Duque tomaba en ese momento que no podía ser más diferente de los documentos que le rodeaban. Sabiendo que encontraría pero aún así abriendo la cubierta del libro en su poder para deleitarse con la visión, el Duque leyó para sí el título de la obra que terminaría el anonimato de su autor: “La Revelación por Serge de Strada”. No era de ninguna forma coincidencia que el título se relacionara con el propósito de la obra, sin embargo el Duque sabía que había una segunda razón además de la obvia para elegir ese nombre para su obra.
Sonriendo de satisfacción por confirmar que a pocas horas del tremendo escándalo que le aguardaba conservaba el valor para llevar a término su plan, el Duque cerró el libro y lo guardo en un bolso de fina piel para salir a paso apresurado del despacho en que ya amanecía.
-Le daremos al más fino público de esta isla un espectáculo de tres actos, ya decidir si será drama o comedia lo sabremos hasta que la obra termine- pensó Serge de Strada mientras volvía a su residencia a preparase para el primer acto de esa tarde, la boda de su amiga, la Marquesa Sissi.
El Duque de Strada tenía, a la vista de todos, poco de que quejarse en su condición actual. Recién había heredado un título que le garantizaba una cuantiosa renta fija y un lugar clave en los eventos sociales de mayor prestigio en la isla. Aprovechándose de sus nuevas propiedades y nombre, Serge de Strada fundaba hacía un año el primer Club social de la isla llamado el Worcestershire All England Club empleando el nombre de la provincia británica común a los antepasados de varios de los nobles que vivían aún en ella. El Worcestershire era un éxito inmediato en parte gracias a los novedosos espacios para practicar el jeu de paume, deporte en que el Duque había demostrado destacar y que se volvió popular pronto entre los miembros del Club como el Conde de Pokosho.
Si, había sido un buen año para el Duque Serge y así lo habrían constatado todas aquellas personas que le vieran desfilar juntos a sus iguales por los lustrosos salones del Worcestershire. El reflejo de su alegría en los salones de espejos y en el oscuro y brillante granito no dejaba lugar a dudas ante la sociedad de la isla que el Duque de Strada disfrutaba con pasión cada gota de su bienaventurada suerte. Nadie dudaba y en esa convicción que Serge conocía radicaba la única verdadera alegría que aún albergaba en su alma pues ello le confirmaba que si bien su pasión le estaba negada, aún podía practicarla a través de la permanente actuación.
Serge de Strada, quien en público se mostraba alegre y lozano, en privado lamentaba su destino impuesto y encontraba la catarsis en la misma pasión prohibida que aquejaba y entusiasmaba al mismo tiempo su mente agonizante. No había justicia, pensaba, si aquello que más procura plenitud al alma del hombre y mueve la maquinaria de sus deseos y anhelos, sólo podía practicarse en la soledad y en el secreto sin poder compartirlo con aquellos a quienes ama. Y no había justicia para Serge de Strada pues su pasión por la música y el teatro eran, en su mundo, considerados meros entretenimientos más nunca profesiones respetables en el mundo que le tocó criarse.
Durante mucho tiempo el Duque de Strada recurrió a su ingenio para procurarse escapes del constante escrutinio social y practicar su pasión en secreto. Sin duda había sido difícil privarse a veces durante varias semanas de aquellos cortos pero apetecibles momentos en que podía olvidarse de la superficial agitación exterior y dedicarse a su realización. La necesidad de aprovechar esos pequeños espacios de tiempo que podía a veces procurarse le permitieron, con el tiempo, desarrollar la habilidad de encontrar rápidamente la inspiración y concentración necesarias para avanzar velozmente en sus proyectos. Gracias a la dedicación y pasión con que emprendía cada nueva obra, Serge de Strada se había convertido pronto en un autor prolífico llegando a acumular un total de quince novelas y tres obras de teatros en los últimos dos años. La satisfacción del Duque desde hacía un tiempo ya no se encontraba en el beneplácito de ver que su obra era disfrutada y laureada pues el total de su producción era sólo conocida por él. La resignación a su suerte le permitía encontrar realización no en compartir su obra sino en reconocer en sí mismo su talento al observar que a pesar de sus limitaciones era capaz de crear piezas completas y que a pesar de haber abordado ya tantos temas aún sentía que su mente daba para crear mucho más.
La familia del Duque no podría considerarse como un obstáculo para la dicha de Serge pues sus intenciones hacía él nunca fueron de desprecio o negación. Sin embargo, había llegado a concluir Serge, a veces en el amar y en el esperar lo que creemos mejor para quienes amamos los llevamos inevitablemente a la frustración y la limitación. No es necesario obrar con mala intención para causar malos efectos, y si bien el Duque nunca hubiera culpado a su familia o amigos por su desdicha, no podía evitar pensar que de haberle el destino designado otro sendero en su vida sus pasiones y profesión se hubieran encontrado idealmente y habría tenido la realización al alcance en su vida.
Era curioso sin embargo, incluso para el Duque, que la mayor preocupación y distracción que encontraba en su vida y que le generaba temor era su deseo reprimido por practicar abiertamente una profesión negada cuando en realidad un secreto más íntimo y oscuro se albergaba en su persona. No había sido hasta hace poco tiempo que las circunstancias de su vida se transformaron notablemente que el Duque había tenido tiempo de ocupar su mente en esa sombra de su ser que conscientemente prefería ignorar esperando que la negación provocara su desaparición.
Con la fundación del Worcestershire Club, Serge de Strada había adquirido no sólo reconocimiento y una agitada vida social. Además de las consecuencias evidentes para el resto de la sociedad que le rodeaba, el Duque había conseguido un pretexto ideal para alejarse de su hogar y requerir privacidad argumentando el cumplimiento de sus nuevos deberes administrativos. Discretamente para evitar levantar sospecha alguna, Serge de Strada había conseguido exitosamente hacerse de un despacho privado en un ala solitaria de las instalaciones del Worcestershire a la que el acceso estaba restringido para el personal que ahí laboraba y que mostraba poco o nulo interés en las actividades del Duque fuera del ambiente Club. No era difícil ocultar sus piezas literarias entre los montones de documentos administrativos y de cuentas que decoraban los estantes de su oficina, incluso el Duque consiguió introducir en el centro de su despacho un modelo a escala del Teatro la Ópera Nacional con el pretexto de estudiar la posibilidad de fundar una réplica del mismo en la isla. Cuando nadie molestaba al Duque con impertinencias salariales o con quejas del comportamiento de los empleados o los mismos miembros del Club, en la maqueta del Duque se desarrollaban pequeños esbozos de óperas y piezas teatrales en las que Serge de Strada imaginaba como serían sus obras de poder dirigirlas alguna vez.
Debida a su nula educación profesional se habría podido decir que la dirección de escena del Duque carecía de técnica, pero aún el más versado en las artes escénicas habría de admitir que desbordaban en pasión, a veces casi infantil.
Esta mañana el Duque había llegado antes de lo acostumbrado a su despacho en el Worcestershire Club esperando evitar encontrarse con miradas en su persona y en la carga que pretendía recoger de su oficina. Apenas saludando con secos gestos a los empleados que encontraba, el Duque entró antes del alba a su despacho y sin titubeos se dirigió a una repisa en que descansaban los reportes financieros del Club, además del libro que el Duque tomaba en ese momento que no podía ser más diferente de los documentos que le rodeaban. Sabiendo que encontraría pero aún así abriendo la cubierta del libro en su poder para deleitarse con la visión, el Duque leyó para sí el título de la obra que terminaría el anonimato de su autor: “La Revelación por Serge de Strada”. No era de ninguna forma coincidencia que el título se relacionara con el propósito de la obra, sin embargo el Duque sabía que había una segunda razón además de la obvia para elegir ese nombre para su obra.
Sonriendo de satisfacción por confirmar que a pocas horas del tremendo escándalo que le aguardaba conservaba el valor para llevar a término su plan, el Duque cerró el libro y lo guardo en un bolso de fina piel para salir a paso apresurado del despacho en que ya amanecía.
-Le daremos al más fino público de esta isla un espectáculo de tres actos, ya decidir si será drama o comedia lo sabremos hasta que la obra termine- pensó Serge de Strada mientras volvía a su residencia a preparase para el primer acto de esa tarde, la boda de su amiga, la Marquesa Sissi.
domingo, 10 de mayo de 2009
Capítulo III - El baño de jazmín, agua tibia y recuerdos
Capítulo III
El baño de jazmín, agua tibia y recuerdos
El baño de jazmín, agua tibia y recuerdos
-¡Necesito que ese vestido quede listo para dentro de una hora!- se escuchó gritar a Doña Romero desde su habitación antes de que de la misma saliera presurosa una joven señorita llevando en brazos lo que parecería un tesoro por el cuidado que daba a su carga.
Doña Romero no era como el resto de las damas con la que diario se codeaba y su costurera lo sabía muy bien, por ello comprendía la preocupación de su señora porque todo fuera perfecto esa velada, y el vestido era pieza fundamental para asegurar tal éxito. La fiesta nupcial de los Ibarra era en la isla un evento social de difícil repetición dada la cada vez más escasa población noble desplazada cada vez más de los mejores sitios por una creciente oleada de burgueses que, si bien carecían del abolengo del apellido, superaban a los duques, marqueses, condes y vizcondes en fortuna y propiedades.
Doña Romero era consciente perfectamente de la situación social de la isla perteneciendo ella misma a esta segunda clase pues su marido, Don José Fernando Romero y Villegas Icaza, había tiempo atrás construido una fortuna prestando servicios de construcción y obra pública a los gobernadores de la misma. Recientemente Don José Fernando Romero había recibido el nombramiento de Caballero por los servicios prestados a la Corona, una distinción que le separaba favorablemente del común de la clase burguesa pero no garantizaba ser acogido en el seno de los frívolos y cerrados salones nobles, aún en esta isla tan apartada de lo que todos añoraban como la “civilización”.
El último bastión de nobleza en la isla lo integraban los Ibarra y sus amigos más cercanos, algo que difícilmente resultaba consolador para Doña Romero desde que escuchó de voz de su mucama que en el mercado se comentaba que Francisca, el ama de llaves de la Marquesa Sissi, había pasado las últimas semanas saldando las deudas de la familia y evitando contraer nuevos créditos. Lo que en otros círculos se entendería como una operación común de saldo de cuentas, en el mundo de los hombres y mujeres que asumen como un honor para sus acreedores el tener a tan nobles personajes como deudores era sin duda una señal inequívoca de que los Ibarra planeaban unirse a la bandada de grandes apellidos que habían abandonado la isla. Doña Romero tenía pocas oportunidades pues para marcar su recuerdo en tan nobles mentes, y se disponía a hacerlo con candente fierro.
Sin embargo, de haber sido el sorprender e impactar en un evento social lo único que preocupaba a Doña Romero esa mañana sus pesares hubieran sido menores y al menos habría conciliar el sueño la noche anterior. No, Doña Romero tenía una preocupación más severa. Doña Romero sufría de ansiedad, temor, duda y emoción. Doña Romero sentía nostalgia de un pasado reciente y expectativa de un probable futuro. Doña Romero era incapaz de responderse si el deseo y el impulso vencerían el pudor y la moderación. Doña Romero temía y añoraba su visión, su imagen, su tacto, temblaba de solo imaginar el momento justo en que tuvieran que saludarse y enfrentarse por primera vez ante la mirada ignorante pero juzgadora del público.
Doña Romero temía pero ante todo ansiaba el encuentro con Madame Caroline d’Amezquite, la esposa del Consejero Real.
Cerca del puerto, en barco decorado de insignias reales Madame Caroline esperaba que su ayudante de cámara terminara de preparar su bañera. Madame d’Amezquite veía perdida en su mirada el agua vaciarse en la fina bañera de blanco mármol.
Habían pasado ya seis meses desde esa tarde, y no se habían visto desde entonces, y sin embargo para ambas mujeres separadas en la distancia más no en el pensamiento, el recuerdo del momento era tan prístino como el agua que corría ya por la bañera de cada una. El sonido del agua al precipitarse evocaba en sus mentes la memoria de la suave lluvia que bañaba y envolvía sus actos como un velo que invitaba a la intimidad. El tacto de la tibia agua en la que se sumergían acariciaba su impaciente piel con la calidez que esa tarde se procuraban una a otra consolándose de la fresca brisa. El aroma del jazmín que desde hace seis meses cada una conservaba en sus respectivos aposentos las remetía nuevamente a aquel campo de esas flores que esa tarde les sirvieron de lecho. La imagen era vívida, las emociones fuertes intensificadas por la imaginación idealizada y la expectativa del recuerdo que podría repetirse pronto. La timidez y el pudor, mitigadas por la privacidad del baño les permitieron paralelamente aunque distanciadas el sentirse en su propia piel como les hubiera gustado sentir a la otra. La intensidad de la emoción de quien toma lo que desea como prohibido elevaba el ritmo de…
-¡Madame! Monsieur desea saber si le acompañará a desayunar. ¿Qué debo decirle?- Preguntó dulcemente la doncella Rufie.
-Dígale que si desea esperarme diez minutos con gusto le acompañaré- Respondió apenas consciente de su inusual tono de voz Madame Caroline.
¿Cómo iba a saber Madame Caroline que al menos una de las participantes de su fantasía cinco minutos más de oportunidad para concluir el sueño?
Doña Romero descanso diez minutos más con la mente en blanco para después descansar sus pensamientos y prepararse para el brunch en casa del Duque de Strada.
Doña Romero no era como el resto de las damas con la que diario se codeaba y su costurera lo sabía muy bien, por ello comprendía la preocupación de su señora porque todo fuera perfecto esa velada, y el vestido era pieza fundamental para asegurar tal éxito. La fiesta nupcial de los Ibarra era en la isla un evento social de difícil repetición dada la cada vez más escasa población noble desplazada cada vez más de los mejores sitios por una creciente oleada de burgueses que, si bien carecían del abolengo del apellido, superaban a los duques, marqueses, condes y vizcondes en fortuna y propiedades.
Doña Romero era consciente perfectamente de la situación social de la isla perteneciendo ella misma a esta segunda clase pues su marido, Don José Fernando Romero y Villegas Icaza, había tiempo atrás construido una fortuna prestando servicios de construcción y obra pública a los gobernadores de la misma. Recientemente Don José Fernando Romero había recibido el nombramiento de Caballero por los servicios prestados a la Corona, una distinción que le separaba favorablemente del común de la clase burguesa pero no garantizaba ser acogido en el seno de los frívolos y cerrados salones nobles, aún en esta isla tan apartada de lo que todos añoraban como la “civilización”.
El último bastión de nobleza en la isla lo integraban los Ibarra y sus amigos más cercanos, algo que difícilmente resultaba consolador para Doña Romero desde que escuchó de voz de su mucama que en el mercado se comentaba que Francisca, el ama de llaves de la Marquesa Sissi, había pasado las últimas semanas saldando las deudas de la familia y evitando contraer nuevos créditos. Lo que en otros círculos se entendería como una operación común de saldo de cuentas, en el mundo de los hombres y mujeres que asumen como un honor para sus acreedores el tener a tan nobles personajes como deudores era sin duda una señal inequívoca de que los Ibarra planeaban unirse a la bandada de grandes apellidos que habían abandonado la isla. Doña Romero tenía pocas oportunidades pues para marcar su recuerdo en tan nobles mentes, y se disponía a hacerlo con candente fierro.
Sin embargo, de haber sido el sorprender e impactar en un evento social lo único que preocupaba a Doña Romero esa mañana sus pesares hubieran sido menores y al menos habría conciliar el sueño la noche anterior. No, Doña Romero tenía una preocupación más severa. Doña Romero sufría de ansiedad, temor, duda y emoción. Doña Romero sentía nostalgia de un pasado reciente y expectativa de un probable futuro. Doña Romero era incapaz de responderse si el deseo y el impulso vencerían el pudor y la moderación. Doña Romero temía y añoraba su visión, su imagen, su tacto, temblaba de solo imaginar el momento justo en que tuvieran que saludarse y enfrentarse por primera vez ante la mirada ignorante pero juzgadora del público.
Doña Romero temía pero ante todo ansiaba el encuentro con Madame Caroline d’Amezquite, la esposa del Consejero Real.
Cerca del puerto, en barco decorado de insignias reales Madame Caroline esperaba que su ayudante de cámara terminara de preparar su bañera. Madame d’Amezquite veía perdida en su mirada el agua vaciarse en la fina bañera de blanco mármol.
Habían pasado ya seis meses desde esa tarde, y no se habían visto desde entonces, y sin embargo para ambas mujeres separadas en la distancia más no en el pensamiento, el recuerdo del momento era tan prístino como el agua que corría ya por la bañera de cada una. El sonido del agua al precipitarse evocaba en sus mentes la memoria de la suave lluvia que bañaba y envolvía sus actos como un velo que invitaba a la intimidad. El tacto de la tibia agua en la que se sumergían acariciaba su impaciente piel con la calidez que esa tarde se procuraban una a otra consolándose de la fresca brisa. El aroma del jazmín que desde hace seis meses cada una conservaba en sus respectivos aposentos las remetía nuevamente a aquel campo de esas flores que esa tarde les sirvieron de lecho. La imagen era vívida, las emociones fuertes intensificadas por la imaginación idealizada y la expectativa del recuerdo que podría repetirse pronto. La timidez y el pudor, mitigadas por la privacidad del baño les permitieron paralelamente aunque distanciadas el sentirse en su propia piel como les hubiera gustado sentir a la otra. La intensidad de la emoción de quien toma lo que desea como prohibido elevaba el ritmo de…
-¡Madame! Monsieur desea saber si le acompañará a desayunar. ¿Qué debo decirle?- Preguntó dulcemente la doncella Rufie.
-Dígale que si desea esperarme diez minutos con gusto le acompañaré- Respondió apenas consciente de su inusual tono de voz Madame Caroline.
¿Cómo iba a saber Madame Caroline que al menos una de las participantes de su fantasía cinco minutos más de oportunidad para concluir el sueño?
Doña Romero descanso diez minutos más con la mente en blanco para después descansar sus pensamientos y prepararse para el brunch en casa del Duque de Strada.
jueves, 30 de abril de 2009
Cápítulo II
La Duquesa Thepepan y el Conde de Pokosho
La Condesa Hazel de Thepepan tenía ya una hora despierta sin atreverse a levantarse de la cama por temor a despertar a su marido que descansaba a su lado. La Duquesa era joven e irradiaba una energía y dulzura que cautivaba tanto a sus iguales como a los sirvientes y villanos que encontraba a su paso. El Duque, su marido, por su parte era un noble señor que doblaba casi la edad de su mujer, de aspecto soberbio y seguro rara vez causaba empatía a las personas que se veían casi siempre forzadas a relacionarse con él. El notable contraste físico y de temperamento de la pareja no hacía más que confirmar lo evidente, que el matrimonio de los Duques de Thepepan no era para ellos, especialmente para el Duque, un mero trámite administrativo destinado en su momento a salvar su renombre uniendo su alcurnia con la vasta fortuna de los padres de su mujer. La Duquesa por su parte, no podía menos que sentir su unión marital como un trabajo de tiempo completo que requería de ella su buena cara pública aunque en silencia y en privado no dudara en mostrarse con su marido tan distante como una mujer lo haría con un compañero forzado de labores. Sin embargo pese al desinterés de la Duquesa en su unión marital, como la noble y educada dama que era no había hombre o mujer que la hubiera escuchado alguna vez quejarse de su situación. No lo había, hasta apenas una semana antes de la boda de la Marquesa Ibarra, y la Condesa desde hacía una hora no podía dejar de pensar en él.
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Fiel a su rutina, mientras las Condesa Hazel recordaba con melancolía los hechos de la semana anterior lejos en su residencia, el Conde Pokosho cabalgaba de regreso a su propio hogar después de haber concluido sus ejercicios matutinos. El Richard St. Peter de Pokosho procuraba siempre despertar antes del alba y trotar un rato a caballo por el valle cercano a su residencia, en ocasiones se unía a él una numerosa compañia de invitados y en esas ocasiones aprovechaban las primeras luces de la mañana para cazar algún ciervo que habría de servirse en la comida de ese mismo día.
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Aquella máñana sin embargo el Conde partió sólo una vez más como había hecho todas las mañanas de aquella semana. Buscaba estar en soledad con sus pensamientos para ver si de esa manera era más fuerte el recuerdo de aquella mujer que desde hacía unos días ocupaba la mayor parte de su pensamiento. No era su porte elegante, ni la dulzura de su voz, no era la fragilidad de un alma insatisfecha que se filtraba en ocasiones entre la corteza de un firme y seguro exterior, no. Algo en aquella mujer le mantenía cautivado desde el momento en que la Condesa Minerva les presentó en aquella reunión de damas hace una semana a la el Conde llegó por pura casualidad cuando se acerco a la residencia de la Marquesa de Ibarra buscando al prometido de esta para acordar un asunto de triviales negocios.
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Apenas siete días antes de la gran boda de la Marquesa Sissi, la Duquesa Hazel había pasado un fin de semana en casa de su amiga. El motivo, una reunión de las principales damas que habrían de tomar parte en los festejos de la boda de la Marquesa Sissi para acordar y definir los últimos detalles del enlace. La Condesa Minerva y la Duquesa Hazel eran grandes amigas desde su infancia habiendo pasado juntas gran parte de su juventud en un elegante pero solitario internado para señoritas en la región germana de Suiza. Por su parte, el Conde de Pokosho conocía bien a la Condesa Diana y a la Marquesa Sissi de tiempo atrás debido a la estrecha amistad que guardaba su familia con la familia de la Condesa y a la amistad del propio Conde con el prometido de la Marquesa, de modo que la inesperada visita que aquella tarde hizo Richard de Pokosho a la casa de Sissi no resultaba de ninguna forma especial, al menos en principio.
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Esa tarde mientras las damas debatían la secuencia de los eventos que habrían de preceder a la ceremonia religiosa con motivo del matrimonio de la Condesa Sissi, la joven Francisca se dirigió a la puerta para atender la visita del Conde Richard St. Peter de Pokosho. Francisca, conociendo bien al Conde y familiarizada con él dirigió a este a la presencia de su señora Sissi y del resto de las damas. Habiendo intercambiado las acostumbradas cortesías, la Condesa Minerva siendo la persona más cercana en relación con la Duquesa de Thepepan presentó a esta con su entrañable amigo. El impacto del encuentro fortuito no pudo pasar desapercibido para las damas que presenciaron el encuentro aunque, como debe hacerse ante lo inesperado, ninguna de ellas reaccionó en el momento con sorpresa ni lo comentaría después en público. El Conde no pudo evitar fijar su mirada en el rostro de la delicada dama que extendía su mano esperando el apropiado besamano de él, la Duquesa no puedo evitar sentirse atravesada por la firme mirada del caballero que se inclinaba sobre su muñeca delicadamente para mostrar su cortesía. Nunca antes, pensó la Duquesa después, su alma se había sentido tan expuesta en una expresión tan mínimamente verbal. Hazel de Thepepan no pudo evitar comparar para sus adentros ese momento con lo que ella pensaba debía sentir la mujer que decide voluntariamente pasar su vida junto a otra persona y la encuentra en el hombre que tiene enfrente. El Conde percibió por su parte en la mano de la Duquesa la dulce timidez de una joven que duda pero que goza del primer contacto con el caballero que toca por primera vez su alma y su corazón.
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El encuentro fue breve, muy breve pensarían después cada uno, pero no por ello menos impactante. La Duquesa, que fiel a su educación y el protocolo nunca habría de compartir en público o en privado su profunda insatisfacción, tuvo la certeza desde ese día que todos sus secretos habían sido revelados ante este caballero como si su más profunda y fuerte voz los hubieran gritado. El Conde sentía intriga por el torbellino de sentimientos y emociones que la imagen de aquella dama le causó, segura y al mismo tiempo dubitativa. La impresión en la memoria de ambos sólo acrecentaba el deseo permanente de los siguientes días porque llegara esta mañana que, como la Marquesa Sissi había comentado en su primer encuentro ambos personajes habrían de coincidir nuevamente en la gran celebración de esa tarde. Y las horas restantes para su encuentro se veían pasar más lentas que toda la semana anterior...
miércoles, 29 de abril de 2009
Despertando en casa de los Ibarra
Apenas había salido el sol cuando la joven ama de llaves de los Ibarra recorría la elegante cortina de la habitación de la Condesa Minerva que si bien estaba sólo de visita, debía atender a los horarios y protocolos propios de la residencia de su gran amiga la Marquesa Christine, Sissi. La joven Francisca Heyser era una servicial dama de familia de origen alemán llegada a América apenas hace tres generaciones cuyo desempeño en el hogar de los Ibarra le permitió obtener la mayor promoción posible en la jerarquía domestica. Minerva por su parte era descendiente de un largo linaje de notables aristócratas que a pesar de su alcurnia debían cargar con el estigma de social de encontrar su vínculo noble en el matrimonio de una cortesana con el Conde de Coapenburg. Arrogante de carácter a primera impresión pero de verdadera sencillez y nobleza de alma, la Condesa era especialmente amable con la servicial Francisca a quien incluso llega a llamar "prima" en privado cuando el protocolo no exigía un trato diferente. Ambas mujeres compartían el sentimiento de considerarse germanas en tierras extranjeras y una distintiva nariz que dotaba de rasgos fuertes y particulares sus finos rostros.
Entrando el primer rayo de sol a través del fino cristal de Murano la Condesa Minerva despertó emitiendo un leve suspiro de inconformidad pero apenas abrió los ojos se encontraba presta para levantarse de su lecho y prepararse para el desayuno programado desde la velada anterior. No era raro en la residencia Ibarra que tanto la familia anfitriona como los invitados compartieran todas las mañanas sus alimentos en compañia, sin embargo esta mañana no era una como cualquiera pues esta vez sería la última oportunidad que tendrían estas mujeres de conversar alrededor de una mesa dispuesta como mujeres solteras. Esa noche, si nada impedía el desarrollo normal de los eventos, la Marquesa Sissi sería además conocida como Condesa de Kilt, esposa del Conde Derek.
Francisca, siempre dispuesta a procurar la mayor comunidad de los invitados a su cargo, había previamente dispuesto el baño de Minerva. Habiendo intercambiado los saludos matutinos de cortesía habituales, la Condesa se colocó su elegante bata de seda de Coapenburg, regalo de su institutriz Iliana, y se dirigió al baño consciente de que había pedido la noche anterior a Francisca que le despertara con suficiente tiempo para tomar un cómodo baño de burbujas. Mientras la Condesa se aseaba Francisas preparó el vestido que previamente le había indicado esta que usaría esa mañana y abandonó la habitación dirigiéndose a la cocina para supervisar que la preparación del desayuno cumpliera con la agenda acordada.
En la habitación principal de la residencia Ibarra la actividad no había empezado sino hasta que la Condesa Minerva terminaba de tomar su baño. La Marquesa Sissi no gustaba que la despertaran ya que ella misma, gracias a su herencia británica, despertaba todas las mañanas con inusual puntialidad. Sissi se encontraba sola en la cama que habría de convertirse en su nicho nupcial pues de ninguna forma sería bien visto que compartiera su sueño con un hombre que no fuera su esposo, aún cuando estuvieran comprometidos, "Ese es un privilegio de las mujerzuelas..." pensaba para sí misma cuando le invadían las ganas de invitar a su prometido a compartir el lecho. Una vez despierta la Marquesa corrió sus cortinas para confirmar una vez más su acostumbrada puntialidad sin sorprenderse de sí misma.
Tomando su bata de suave satín, Sissi salió a paso firme de su recamará en dirección a una habitación cercana y con un elegante y sutíl golpe en la puerta anunció su llegada antes de abrir esta y entrar en la penumbra del cuarto. Se dirigió a la ventana para correr la cortina y permirle al sol su entrada misma que fue inmediata y alumbró la gran estancia en que descansaba aún la Infanta Lorança. La Infanta era conocida entre sus iguales por la disciplina y seriedad que asumía en su rol social, sin embargo entre sus amistades cercanas destacaba más bien por su pesado sueño y gusto por permanecer más tiempo de necesario recostada en su cama. Fiel a la imagen que Sissi tenía de la Infanta como su amiga que era, esta no se despertó el ya fuerte brillo del sol matutino, podría decirse que apenas y reaccionó al cambio de luz. Sissi, soltando un suspiro de desaprobación, se dirigió a su amiga y con un abrupto movimiento le privó de sus sábanas al tiempo que le llamaba por su nombre de pila "¡Karla!". Lentamente en claro contraste con la brusquedad de la Marquesa, la Infanta Lorança abrió sus ojos parcialmente y mientras aún se acostumbraba a la luz de la mañana sonrió a su anfitriona en un gesto que esta interpretó como una confirmación de que no sería necesario más estimulo de su parte. La Marquesa abandonó entonces la habitación de su amiga y caminó directamente en busca de Francisca para recibir de esta su reporte de la mañana.
Así comenzó ese día, con la Condesa Minerva terminando de bañarse y preparando sus ropas para esa mañana, la Infanta Karla Lorança debatiéndose entre el sueño y el deber, la Marquesa Sissi dedicando su atención al desayuno inminente como si esa noche fuera una como cualquiera, y la joven Francisca ejerciendo su autoridad con el personal a su mando para garantizar el éxito de ese día. Así comenzó como se esperaría que debe comenzar un día de tal relevancia para los presentes. La ignorancia de los eventos por venir permitió que todos iniciaran ese día entusiasmados. De conocer los hechos fortuitos que habrían de enfrentar quizá ninguno habría abandonado su habitación aquella mañana de domingo en la residencia Ibarra...
domingo, 26 de abril de 2009
Mi grandiosa entrada
ok...aún no le hayo a ésto, pero aquí va mi grandiosa entrada.
A Diana la conocí en primer semestre de la carrera de Derecho. Al principio nos llevábamos muy X, al igual que con la niña de lentes, Aaron, Jimmy...y otros raritos que ya ni recuerdo su nombre (cómo uno que era bien albañil y agresivo y sólo duró un semestre ¿lo recuerdas Diana? En fín, me desvío. Durante los semestres consecutivos siempre le tuve mucho afecto a Diana, era como de las niñas más normales de la carrera: en físico, en manera de convivir, en que era chistosa. Digamos: era guapa, no era teta, y era divertida. Pero, todos sabemos que Diana tiene cara de pocos amigos, entonces sentía como que no le caía tan tan bien y no me le acercaba mucho, hasta que descubrimos que ambas éramos, y digo ERAMOS: LIMOLINES y así teníamos la jeta y a veces la actitud. Eso fue como nuestro primer common ground. Después, cuando se hizo el pleno, aprendí a amarla cada vez más, y por amarla entiéndase besarnos y tocarnos y sacarnos fotos, compartir pedotototas, etc.... Y ahora la amo, la admiro, confío mucho en ella, me divierto mucho con ella, y me honra decir que una niña tan inteligente, chistosa y leal es mi amiga.
A Karla la conocí como en tercer semestre de la carrera, y cómo en cuarto llevamos Procesal Mercantil. Primero hice click inmediato con ella xq compartíamos como el mismo humor burlón de Juan Francisco (el teacher) y de otros del salón. Después nos hicimos aún más cercanas cuando ella me contaba toda su vida, mentábamos madres de dietas, platicábamos un poco de Difusión Cultural y así. Cuando el pleno se creó ella era la única en la que realmente confiaba y podía platicar. Nuestra amistad ya lleva como 5 años, y aunque yo no hablo mucho por teléfono, con ella era la única con quién me colgaba del teléfono, del messenger, y del coche en el estacionamiento a las 10 de la noche. Me enorgullece tener una amiga que tiene tanta cultura y tanto mundo que cualquier chiste lo entiende, en inglés o español. TAmbién es muy bonito platicar a profundidad con ella, simplemente xq se puede y se disfruta.
A Caro la conocí x ahí cuando las clases entre semestres se mezclaban. La conocí más a traves de Gloria y Arlett, y siempre se me hizo super chistosa, witty y cómo snappy. No sé como explicarlo, así como que siempre tenía un comentario tenaz que hacer y mucha personalidad....muuucha pechonalidad, jajaja. Cuando fuimos coincidiendo gracias a Sergio, empecé a saludarla más en messenger, facebook, etc. Me dí cuenta que tenemos mucho en común, que también es muy chistosa, elocuente e inteligente y se puede platicar en cualquier nivel con ella: desmadre o serio. Ahora descubro con sorpresa y gusto que también es una niña muy tierna y romántica....pero sshshshshs. Falta mucho por conocernos mi Caro, y está padre descubrir esa personalidad compleja e interesante que tienes. Gracias x el interés y apoyo en la boda.
A Hazel la conocí un día en que el pleno ya estaba frágil, y Diana la invitó al Papa Bills. Primero, me dió la impresión que estaba muy "put together" y que no se la pasaría bien en nuestro desmadre. Afortunadamente las otras dos del pleno llegaron súper tarde y pude descubrir que Hazel le entraba a todas nuestra bromas pendejísimas, y su risa era muy contagiosa. Después con toda la confianza me medio contó el desmadre amoroso que traía en esa época....entonces sobra decir que al final de la noche ya me había caído increible. Poco a poco Hazel y Sergio sustituyeron a las otras dos y fuimos formando un nuevo grupo increible y que hacíamos muchas cosas diferentes juntos. Así descubrí que Hazel, además de excelente anfitriona que siempre pone su casa, es una niña muy ordenada (lo cuál siempre habla bien de quién sea), muy linda, muy tierna, muy romántica., y si nos diéramos la oportunidad me da la impresión que es una niña que sabe escuchar (algo que no se encuentra fácilmente). Todavía me falta mucho por conocer de la Nuez para poder describirla mejor, pero la quiero mucho!
A Sergio, mi Sergio amado y querido. Nos empezamos a frecuentar gracias a Diana, yo siempre había querido tener un amigo gay, pero con Sergio todo se fue dando paulatinamente y natural. Karla y Diana siempre me contaban de las canciones recompuestas de Sergio y me daba mucha risa. Pensaba "Wow, que cerebro de éste wey para tener esa habilidad con las palabras". Después lo conocí y obviamente más risa me daba. Primero pensé que era medio intenso por estar siempre agarrándole todo a Diana....y luego me di cuenta de lo mal que estaba. Sergio es un niño súper inteligente, noble, interesado por aprender más y por superarse, con buen gusto (xq además ama todo lo Brittish como yo), y también ama la buena comida como yo. De intenso no tiene mucho. Me encantó una vez que nos fuimos a comer él y yo sólos y lo agusto que platicamos, igual que cuando me dejaron acompañarlos a su viernes de cine. Hay que hacer ambas cosas dos, big not granel, más seguido!!! Ahora a Sergio lo considero uno de mis mejores y más cercanos amigos, así como pa platicar más seguido con él y no con la excusa de que hay un plan para vernos.
A Vero la conocí x Sergio, pero cuando la conocí mejor fue en la cena Navideña. Q niña tan amena, que se integra tan fácilmente a cualquier plática, que busca llevarse bien con la gente alrededor. Después fuimos al cine y pensé lo mismo: q simpática y me gusta su sonrisa honesta. ¿Me dejas besarte? jajaja....no neta, si me caes bien Vero.
A Pancho lo conocí x medio de Diana. Pancho me confundió tanto, pues oía que besaba a hombres y mujeres casi x igual. Ahora sé que lo anormal es que no lo haga. Cuando empecé a conocer a Pancho, me cayó muy bien, obvio nos sacaba de onda a Derek y a mí, pero entre broma soez y chiste vulgar puedes descubrir en Pancho a una persona culta, pragmática y fiel (a sus amigos, obvio). Conmigo siempre ha sido súper buena onda con comentarios bonitos.
Last but not least: Richy. No conozco mucho a Richy, sólo lo conozco viéndo como es con Hazel y los posts que le deja en hi5. Creo que son una pareja hermosa, que se complementan y se hacen crecer. Creo que Richy rompe el molde a cómo son otros novios, y a mí me conmueve que Hazel sea tan feliz y esté tan enamorada gracias a Ricardo. Él también es un excelente anfintrión, siempre pendiente de lo que la gente necesita, y eso demuestra que en otras cosas de la vida, ha de ser un ser humano generoso y preocupado por los demás. Ese tipo de personas are my kind of peeps.
A Diana la conocí en primer semestre de la carrera de Derecho. Al principio nos llevábamos muy X, al igual que con la niña de lentes, Aaron, Jimmy...y otros raritos que ya ni recuerdo su nombre (cómo uno que era bien albañil y agresivo y sólo duró un semestre ¿lo recuerdas Diana? En fín, me desvío. Durante los semestres consecutivos siempre le tuve mucho afecto a Diana, era como de las niñas más normales de la carrera: en físico, en manera de convivir, en que era chistosa. Digamos: era guapa, no era teta, y era divertida. Pero, todos sabemos que Diana tiene cara de pocos amigos, entonces sentía como que no le caía tan tan bien y no me le acercaba mucho, hasta que descubrimos que ambas éramos, y digo ERAMOS: LIMOLINES y así teníamos la jeta y a veces la actitud. Eso fue como nuestro primer common ground. Después, cuando se hizo el pleno, aprendí a amarla cada vez más, y por amarla entiéndase besarnos y tocarnos y sacarnos fotos, compartir pedotototas, etc.... Y ahora la amo, la admiro, confío mucho en ella, me divierto mucho con ella, y me honra decir que una niña tan inteligente, chistosa y leal es mi amiga.
A Karla la conocí como en tercer semestre de la carrera, y cómo en cuarto llevamos Procesal Mercantil. Primero hice click inmediato con ella xq compartíamos como el mismo humor burlón de Juan Francisco (el teacher) y de otros del salón. Después nos hicimos aún más cercanas cuando ella me contaba toda su vida, mentábamos madres de dietas, platicábamos un poco de Difusión Cultural y así. Cuando el pleno se creó ella era la única en la que realmente confiaba y podía platicar. Nuestra amistad ya lleva como 5 años, y aunque yo no hablo mucho por teléfono, con ella era la única con quién me colgaba del teléfono, del messenger, y del coche en el estacionamiento a las 10 de la noche. Me enorgullece tener una amiga que tiene tanta cultura y tanto mundo que cualquier chiste lo entiende, en inglés o español. TAmbién es muy bonito platicar a profundidad con ella, simplemente xq se puede y se disfruta.
A Caro la conocí x ahí cuando las clases entre semestres se mezclaban. La conocí más a traves de Gloria y Arlett, y siempre se me hizo super chistosa, witty y cómo snappy. No sé como explicarlo, así como que siempre tenía un comentario tenaz que hacer y mucha personalidad....muuucha pechonalidad, jajaja. Cuando fuimos coincidiendo gracias a Sergio, empecé a saludarla más en messenger, facebook, etc. Me dí cuenta que tenemos mucho en común, que también es muy chistosa, elocuente e inteligente y se puede platicar en cualquier nivel con ella: desmadre o serio. Ahora descubro con sorpresa y gusto que también es una niña muy tierna y romántica....pero sshshshshs. Falta mucho por conocernos mi Caro, y está padre descubrir esa personalidad compleja e interesante que tienes. Gracias x el interés y apoyo en la boda.
A Hazel la conocí un día en que el pleno ya estaba frágil, y Diana la invitó al Papa Bills. Primero, me dió la impresión que estaba muy "put together" y que no se la pasaría bien en nuestro desmadre. Afortunadamente las otras dos del pleno llegaron súper tarde y pude descubrir que Hazel le entraba a todas nuestra bromas pendejísimas, y su risa era muy contagiosa. Después con toda la confianza me medio contó el desmadre amoroso que traía en esa época....entonces sobra decir que al final de la noche ya me había caído increible. Poco a poco Hazel y Sergio sustituyeron a las otras dos y fuimos formando un nuevo grupo increible y que hacíamos muchas cosas diferentes juntos. Así descubrí que Hazel, además de excelente anfitriona que siempre pone su casa, es una niña muy ordenada (lo cuál siempre habla bien de quién sea), muy linda, muy tierna, muy romántica., y si nos diéramos la oportunidad me da la impresión que es una niña que sabe escuchar (algo que no se encuentra fácilmente). Todavía me falta mucho por conocer de la Nuez para poder describirla mejor, pero la quiero mucho!
A Sergio, mi Sergio amado y querido. Nos empezamos a frecuentar gracias a Diana, yo siempre había querido tener un amigo gay, pero con Sergio todo se fue dando paulatinamente y natural. Karla y Diana siempre me contaban de las canciones recompuestas de Sergio y me daba mucha risa. Pensaba "Wow, que cerebro de éste wey para tener esa habilidad con las palabras". Después lo conocí y obviamente más risa me daba. Primero pensé que era medio intenso por estar siempre agarrándole todo a Diana....y luego me di cuenta de lo mal que estaba. Sergio es un niño súper inteligente, noble, interesado por aprender más y por superarse, con buen gusto (xq además ama todo lo Brittish como yo), y también ama la buena comida como yo. De intenso no tiene mucho. Me encantó una vez que nos fuimos a comer él y yo sólos y lo agusto que platicamos, igual que cuando me dejaron acompañarlos a su viernes de cine. Hay que hacer ambas cosas dos, big not granel, más seguido!!! Ahora a Sergio lo considero uno de mis mejores y más cercanos amigos, así como pa platicar más seguido con él y no con la excusa de que hay un plan para vernos.
A Vero la conocí x Sergio, pero cuando la conocí mejor fue en la cena Navideña. Q niña tan amena, que se integra tan fácilmente a cualquier plática, que busca llevarse bien con la gente alrededor. Después fuimos al cine y pensé lo mismo: q simpática y me gusta su sonrisa honesta. ¿Me dejas besarte? jajaja....no neta, si me caes bien Vero.
A Pancho lo conocí x medio de Diana. Pancho me confundió tanto, pues oía que besaba a hombres y mujeres casi x igual. Ahora sé que lo anormal es que no lo haga. Cuando empecé a conocer a Pancho, me cayó muy bien, obvio nos sacaba de onda a Derek y a mí, pero entre broma soez y chiste vulgar puedes descubrir en Pancho a una persona culta, pragmática y fiel (a sus amigos, obvio). Conmigo siempre ha sido súper buena onda con comentarios bonitos.
Last but not least: Richy. No conozco mucho a Richy, sólo lo conozco viéndo como es con Hazel y los posts que le deja en hi5. Creo que son una pareja hermosa, que se complementan y se hacen crecer. Creo que Richy rompe el molde a cómo son otros novios, y a mí me conmueve que Hazel sea tan feliz y esté tan enamorada gracias a Ricardo. Él también es un excelente anfintrión, siempre pendiente de lo que la gente necesita, y eso demuestra que en otras cosas de la vida, ha de ser un ser humano generoso y preocupado por los demás. Ese tipo de personas are my kind of peeps.
jueves, 23 de abril de 2009
Sergio es un cursi!!!
Sergio es un cursi...si...ha escrito puras cosas "profundas" cuando todos sabemos que lo único profundo de él...es...cof cof...su corazón....seeee...
Animal! gracias por venir a ayudarme con CONAED!!!!
Animal! gracias por venir a ayudarme con CONAED!!!!
miércoles, 22 de abril de 2009
Estrada, Licenciado Estrada
Ya me voy a graduar y estoy muy feliz por ello. Vamos, cualquiera estaría definitivamente feliz porque va a terminar la carrera después de tantos años de estudio, lágrimas, risas, esfuerzos, etc. Ayer estaba tratando de recordar el primer día de clases de mi vida y recuerdo que, fiel a mi costumbre, lloré desde que mi mamá me "abandonó" hasta que milagrosamente decidió regresar por mi jajaja, es increíble como cuando eres niño piensas en tantas oportunidades que tus papás no van a regresar por ti.
Bueno, lo realmente importante para mí no es tanto graduarme, lo que me mantiene motivado y lo que me tiene estos días completamente ilusionado es el hecho de ser abogado.
Recuerdo, y todos en mi familia me lo recuerdan diario, que si hay algo que siempre quise ser era abogado. Desde que aprendí a leer tomaba cualquier cosa que estuviera a mi alcance y en ese proceso aleatoria caían en mis manos los libros de derecho de mi papá (que por cierto luego fueron los mismos con los que estudie yo, pinche derecho mexicano que no evoluciona). Bueno, no entendía realmente los libros pero era un niño, quería actuar como si los entendiera, le hacía preguntas a mis papá y leía y releía y nada tenía sentido jajaja. Debo agregar que la profunda admiración que siento por mi padre también impulsó en mí ese deseo por parecerme a él.
Luego, ya más grande empecé a salir con Códigos a todos lados. Si, era un ñoñete. Iba con mi Código Civil o Penal y trataba de entender el mundo a través de estos libros. Hoy me doy cuenta que NOOOOOOT conmigo jajajaja pero bueno, hice el intento...
A lo largo de mi vida tuve tantos intereses y pasiones que siempre quería una carrera nueva. Un tiempo importante quise ser "inventor" sea lo que sea eso. Luego quería ser arqueólogo y después estudiar dinosaurios. Luego quise ser chef, contador, estudiar finanzas, economista o relaciones internacionales. Cada que me atacaba una nueva pasión aprendía lo que podía de ella. Yo estaba convencido de tantas cosas en mi vida pero no que iba a ser abogado pues pensaba que la gente pensaría que elegía eso sólo por mi papá y no por mí.
Pasé por Orientación Profesional en la Prepa, que Karla, Ricardo, CC y Pancho sabrán que es una materia absurda, y me dijeron que lo mío era el comercio internacional o las relaciones internacionales. Luego hice un examen externo de habilidades profesionales y mis resultados fueron: Derecho, Relaciones Internacionales, Economía, Teología (que la verdad me hubiera encantado cabrón), Filosofía, Física (WTF????) y Literatura... Finalmente pensé: "Jum, Derecho, Derecho Internacional, Derecho Económico, Derecho Canónico, Filosofía del Derecho... creo que es obvio"
Dejando de lado mis prejuicios decidí estudiar Derecho. El día que entré a mi primera clase fue por mucho uno de los mejores de mi vida. Era Historia del Derecho, empezamos a hablar de Roma, empezaron las frases en latín, las citas de abogados famosos del pasado, las fórmulas, la política, las instituciones... jajaja sonará tonto pero para mi fue un rush de tantas emociones, me di cuenta que siempre había querido esto...
A lo largo de estos cinco años he cimentado una pasión severa que raya en el fanatismo irracional jajaja. Además debo confesar que entré a la carrera como un mocoso ignorante que pensaba que los abogados sólo litigamos y que no hay responsabilidad alguna en defender al bueno o al malo porque finalmente es un trabajo. El estudio de esta ciencia o arte a lo largo de este tiempo ha hecho nacer en mí un profundo sentimiento de justicia que me hizo abandonar gran parte de mis ideas previas y adoptar frases como "EL ESTADOOOO DE DEREEEECHOOOOO" para justificar mi ñoñería de no romper nunca las reglas. Ha crecido en mí un deseo por cuestionar la ley y las instituciones cuando estas no sirven a la gente a quienes deberían, no es extraño que por eso las ramas de derecho que prefiero son precisamente las que combaten a la autoridad como el amparo o el administrativo y fiscal.
Adicionalmente en estos años he conocido a grandes abogados del pasado, grandes hombres que han forjado la historia humana, política y social. Pensadores de gran nivel que admiro y de los que, espero, algún día podre formar parte si me aplico. Y no sólo conocí a grandes abogados ya muertos, conocí a grandes abogados en desarrollo de mi tiempo:
Carolina, mijita que nunca nos imaginamos que ibamos a estudiar lo mismo hasta que nos vimos en la carrera y que ha demostrado ser la Corporate Law Master.
Diana, animalito jurídico que demuestra siempre gran inteligencia y dominio del Derecho, como ciencia y como carrera en el Tec porque ahora también es la asistente jajaja.
Karla, que aunque no le guste lo ha aprendido a apreciar y ayudada por su notable inteligencia se destaca como una maestra del amparo y la actividad jurisdiccional.
CC, de todos los abogados que conozco la más comprometida con la justicia y las causas notables, algo que genuinamente hace mucha falta en un mundo como el contemporáneo.
En fin, ser abogado es lo que más he querido en mi vida. Se que no me casaré jajaja, se que quizá no tendré hijos para criarlos (es cuestionable si lo haré o no), pero creo que al final todo eso no me importa, quiero servir a mi mundo, a mis amigos, a mi tiempo... quiero ser un gran abogado y desde mi posición contribuir por la justicia, quiero aportar algo no sólo al mundo jurídico sino a la sociedad en general... y creo que teniendo en mente eso todo lo demás es relativo...
Para mí ser abogado es un orgullo porque me acerca y me hace parte de una lista enorme de personas notables pasadas y presentes como mis amigas que sé que tienen dentro de sí la innegable necesidad del jurista de hacer una contribución al orden y la justicia...
Así que el próximo 29 de mayo chuparemos como enfermos mentales!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! YEI!!!!!!
Bueno, lo realmente importante para mí no es tanto graduarme, lo que me mantiene motivado y lo que me tiene estos días completamente ilusionado es el hecho de ser abogado.
Recuerdo, y todos en mi familia me lo recuerdan diario, que si hay algo que siempre quise ser era abogado. Desde que aprendí a leer tomaba cualquier cosa que estuviera a mi alcance y en ese proceso aleatoria caían en mis manos los libros de derecho de mi papá (que por cierto luego fueron los mismos con los que estudie yo, pinche derecho mexicano que no evoluciona). Bueno, no entendía realmente los libros pero era un niño, quería actuar como si los entendiera, le hacía preguntas a mis papá y leía y releía y nada tenía sentido jajaja. Debo agregar que la profunda admiración que siento por mi padre también impulsó en mí ese deseo por parecerme a él.
Luego, ya más grande empecé a salir con Códigos a todos lados. Si, era un ñoñete. Iba con mi Código Civil o Penal y trataba de entender el mundo a través de estos libros. Hoy me doy cuenta que NOOOOOOT conmigo jajajaja pero bueno, hice el intento...
A lo largo de mi vida tuve tantos intereses y pasiones que siempre quería una carrera nueva. Un tiempo importante quise ser "inventor" sea lo que sea eso. Luego quería ser arqueólogo y después estudiar dinosaurios. Luego quise ser chef, contador, estudiar finanzas, economista o relaciones internacionales. Cada que me atacaba una nueva pasión aprendía lo que podía de ella. Yo estaba convencido de tantas cosas en mi vida pero no que iba a ser abogado pues pensaba que la gente pensaría que elegía eso sólo por mi papá y no por mí.
Pasé por Orientación Profesional en la Prepa, que Karla, Ricardo, CC y Pancho sabrán que es una materia absurda, y me dijeron que lo mío era el comercio internacional o las relaciones internacionales. Luego hice un examen externo de habilidades profesionales y mis resultados fueron: Derecho, Relaciones Internacionales, Economía, Teología (que la verdad me hubiera encantado cabrón), Filosofía, Física (WTF????) y Literatura... Finalmente pensé: "Jum, Derecho, Derecho Internacional, Derecho Económico, Derecho Canónico, Filosofía del Derecho... creo que es obvio"
Dejando de lado mis prejuicios decidí estudiar Derecho. El día que entré a mi primera clase fue por mucho uno de los mejores de mi vida. Era Historia del Derecho, empezamos a hablar de Roma, empezaron las frases en latín, las citas de abogados famosos del pasado, las fórmulas, la política, las instituciones... jajaja sonará tonto pero para mi fue un rush de tantas emociones, me di cuenta que siempre había querido esto...
A lo largo de estos cinco años he cimentado una pasión severa que raya en el fanatismo irracional jajaja. Además debo confesar que entré a la carrera como un mocoso ignorante que pensaba que los abogados sólo litigamos y que no hay responsabilidad alguna en defender al bueno o al malo porque finalmente es un trabajo. El estudio de esta ciencia o arte a lo largo de este tiempo ha hecho nacer en mí un profundo sentimiento de justicia que me hizo abandonar gran parte de mis ideas previas y adoptar frases como "EL ESTADOOOO DE DEREEEECHOOOOO" para justificar mi ñoñería de no romper nunca las reglas. Ha crecido en mí un deseo por cuestionar la ley y las instituciones cuando estas no sirven a la gente a quienes deberían, no es extraño que por eso las ramas de derecho que prefiero son precisamente las que combaten a la autoridad como el amparo o el administrativo y fiscal.
Adicionalmente en estos años he conocido a grandes abogados del pasado, grandes hombres que han forjado la historia humana, política y social. Pensadores de gran nivel que admiro y de los que, espero, algún día podre formar parte si me aplico. Y no sólo conocí a grandes abogados ya muertos, conocí a grandes abogados en desarrollo de mi tiempo:
Carolina, mijita que nunca nos imaginamos que ibamos a estudiar lo mismo hasta que nos vimos en la carrera y que ha demostrado ser la Corporate Law Master.
Diana, animalito jurídico que demuestra siempre gran inteligencia y dominio del Derecho, como ciencia y como carrera en el Tec porque ahora también es la asistente jajaja.
Karla, que aunque no le guste lo ha aprendido a apreciar y ayudada por su notable inteligencia se destaca como una maestra del amparo y la actividad jurisdiccional.
CC, de todos los abogados que conozco la más comprometida con la justicia y las causas notables, algo que genuinamente hace mucha falta en un mundo como el contemporáneo.
En fin, ser abogado es lo que más he querido en mi vida. Se que no me casaré jajaja, se que quizá no tendré hijos para criarlos (es cuestionable si lo haré o no), pero creo que al final todo eso no me importa, quiero servir a mi mundo, a mis amigos, a mi tiempo... quiero ser un gran abogado y desde mi posición contribuir por la justicia, quiero aportar algo no sólo al mundo jurídico sino a la sociedad en general... y creo que teniendo en mente eso todo lo demás es relativo...
Para mí ser abogado es un orgullo porque me acerca y me hace parte de una lista enorme de personas notables pasadas y presentes como mis amigas que sé que tienen dentro de sí la innegable necesidad del jurista de hacer una contribución al orden y la justicia...
Así que el próximo 29 de mayo chuparemos como enfermos mentales!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! YEI!!!!!!
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